3.4.09

27 GG, 20 20...

Nada ha cambiado. El G-20 inyectará aproximadamente un billón de dólares para reflotar la economía mundial. Obviamente, no podemos esperar ver que nuestra cuenta bancaria, con la nómina de cada mes, pasa a tener unos cuantos euros más. O de dólares. En absoluto. ¿A dónde irá a parar ese abstracto ente con tantos ceros? A dónde va a parar siempre. Al FMI, al BM. Se hará más profunda la deuda externa de los países pobres, para que los países ricos y pseudo-ricos podamos disfrutar de los beneficios que nos otorga su pobreza, engolándonos la voz con bonitas palabras acerca de que "su pobreza es nuestra desgracia". ¿Cómo nos beneficia su pobreza? Pues es tan sencillo como esto: ¿porqué nos consideramos ricos y/o pseudo-ricos? ¿Dónde establecemos la diferenciación? ¿Contra qué nos comparamos?

La posición desventajosa de determinadas potencias propicia que dependan de nuestra "ayuda", que nos beneficiemos de sus recursos, y que se genere una deuda irreal que, a todas luces, no hace más que engordar la falacia de cristal que se llama capitalismo. Esto es básico, a mi juicio. Podría escribirlo un niño al que se le expliquen las cosas con un poco de sentido común, y palabras no tan altisonantes como las empleadas habitualmente para hablar de cosas de "gente grande".

Es mi grito cabreado. Es mi grito desesperado. Es la voz de alguien que no entiende cómo es posible tanta cara dura.

5.2.09

26 Poema sin título

Fue muy extraño.
Fue estar
sin estar;
fue volver
sin volver
pero estando.

Y luego,
sólo el viento,
viniendo,
rugiendo gigante,
girando.

26.1.09

25 En mí rebrotan

Bellas formas se me ocurren
imaginariamente sugerentes.

Serviles.
Servilletas.
Mandil.

Es la saeta del pensar
lo que nos hace febriles,
ese mitigar
el llanto quejumbroso de los niños
convertido en mítines.

Mastines.
Rosquillas.
Querubines.

Nuevas inquietudes me asombran,
me dan luz, en mí rebrotan.

4.12.08

24 La vida vivida

Un buen día, al encontrarnos, frunció el entrecejo y sin algodón de azúcar me espetó:
-Ya no escribes nada. Y lo poco que escribes siempre es lo mismo…-
-Puede que tengas razón. Pero sí escribo. Quizás no tanto como antes, es cierto. Es posible que igual el brillo adolescente se haya ido, pero hay otro brillo.-
Y sujetó su taza de café con las dos manos, hasta que le hizo un agujero de tanto mirarla; el café se abrió en dos y pensé por un momento que quizás Moisés había ocupado su espíritu, y el Mar Rojo fue negro de repente, y el agua era una infusión de café, y el azúcar la arena del fondo. Levantó los ojos arqueando las cejas, y mirándome del mismo modo pero sin partirme en dos:
-Tú mismo con tu mecanismo. Pero ya no escribes nada, y lo poco que escribes…-
El resto de la conversación fue trivial, puestas al día de la familia, cómputo de novias y borracheras, conflictos cotidianos que poco aportan salvo esa benefactora sensación de paz, de que seguimos vivos y todo se mueve al compás de nuestros pasos. Malditos humanos, pensé, somos tan simples… Y es ahí en esa simpleza donde radica nuestra complejidad, supongo. Si no tuviéramos caricias cada mañana, tendríamos el anhelo de esas caricias; y sin agua o sin alimento no podemos producir la energía que es la vida, y por eso la adornamos mensualmente con una bonita nómina, por eso afianzamos la sensación de seguridad con una casa, y sin que me diese cuenta, ya se había ido y un cigarro se consumía entre mis labios. Frente a mí su silla vacía y su taza todavía humeante.

Al salir a la calle, el viento y la lluvia me golpearon de aquélla manera tan especial. En realidad, me estaba calando, pero siempre es especial, en mi caso: me hace sentir vivo. Aún latía en mis tímpanos “ya no escribes nada” y el agua corría por mi frente como el Niágara en sus cascadas de roca “siempre es lo mismo” con mis pies empapados sin esquivar los charcos ni los rápidos que finiquitan en las alcantarillas. “Ya no escribes nada” no es más que un recordatorio de que la vida existe para ser vivida, no a través de una nómina, una casa, una comida. No a través de las vidas de otros y de otras, no a través de espejismos que como la economía financiera, al primer atisbo de duda se esfuman. No. La vida está para que la vivamos nosotros mismos. Y nosotras mismas. Está para romper con lo políticamente correcto o para sumirnos en la indolencia más atroz y acabar siendo gusanos anodinos y pusilánimes, si es nuestra elección. Eso es. La vida no es más que la suma de todas nuestras elecciones. Porque si no respiramos con nuestros pulmones, no estamos vivos. Si no amamos la vida y amamos la seguridad, somos nefastos.

Entré de repente en otro bar. Vacío. Y es curioso, porque cuando llueve como llovía aquél día, los bares en Galicia se atiborran de entes que huyen de la humedad. Así que me encaramé a un taburete, enfrenté mi reflejo al otro lado de decenas de botellas polvorientas, y tras la barra apareció el camarero:
-Buenos días.-
-Buenos.-
-¿Vaya tiempo, eh?-
-¿Qué va a ser?
-Un café con leche, gracias.-
-Grumpf.-
Así que saqué una libreta de la mochila que siempre me acompaña, un bolígrafo adornaba la espiral de alambre que, sujetando las hojas, se enroscaba en una hilera de agujeros específicamente dispuestos para tal fin. Y así, pensando en que las libretas deberían venir con bolígrafos incrustados en la espiral de serie, me puse a escribir automáticamente “ya no escribes nada. Ya no escribes nada. Ya no escribes. Ya no nada. Ya escribes…”
El café se evaporó, pagué mi cuenta, y me despedí del simpático camarero, mientras guardaba mis útiles en el lugar de donde habían salido. Efectué un último trayecto hasta mi portal. En la entrada sacudí mis pies fríos para devolverles vida, y de nuevo “ya no escribes nada” su maldita voz volvía ensordecedora. La oyeron mis pies, y dieron media vuelta. La calle estaba mojada. Y cada calle tenía el estigma de la vida vivida: a ella me encomendaron. Y a ella les encomiendo a ustedes.

29.11.08

23 Y así empezó el invierno

Llovía tan fuerte que se despertó. Las gotas de lluvia golpeaban contra los cristales sin compasión. Los pies se encogieron un par de centímetros al tocar el suelo, tan frío estaba. Y abrió la ventana. Estiró un brazo para coger una nube, acaso quería preguntarle porqué protestaba, porqué estaba tan furiosa, y la nubecilla, presa de una pataleta entre sus dedos, no cejaba en su empeño de llover.

Y así empezó el invierno.

13.11.08

22 Bodelér

flotan en la margen
derecha de tu río,
nenúfares de la discordia
que le cantan
al dios de los impíos.

siguen inmersas y distantes
discretas en la orilla,
esas flores del mal sin ganas,
bodelér de piernas
enjutas y maltrechas.

12.11.08

21 Capitalismo (II)

La paradoja
de la vida y la muerte,

de la visa y el billete,

del billete

y la moneda, la moneda

y el pagaré.

La patraña
del dinero o la muerte,

de la muerte o la honra,

la honra

que llega con la hora

de la muerte.

La suciedad
de los metales y las aves,

de las plumas, las espadas;

¿quién canta?

¿qué canciones nuevas

de esperanza?

20 Capitalismo (I)

Diríase que no está muerto,
es la luenga que pende
y en la jamba sus dos dedos.

Su cuerpo hiede,
tal vez sea su recuerdo,
hay un interfecto que aparece.

El sol se ha puesto,
mañana lo veré con ojos distintos
como en mil amaneceres.

Son los restos de un sistema
del rojo sangre al gris ceniciento,
camaleónicamente metamorfo.

En absoluto discreto.